-Bienvenida…¿tu nombre?
-Hola, gracias, Beroldo
-¿Beroldo?
-Sí, Berold para los amigos
-Bueno, nuevamente bienvenida a nuestro taller literario
-Muchas gracias
-En general, antes de ponernos a trabajar, solemos charlar un poco con los nuevos integrantes como para empezar a conocernos
-Claro, me parece bien
-¿Escribís generalmente? ¿Qué te gusta leer? Contanos un poco sobre vos
-Sí, escribo pero en realidad vine porque hace bastante que no voy al médico
-Perdón…¿cómo? no te entendí bien
-Eso, hace bastante que no logro entender qué me pasa, no encuentro las palabras para explicar nada. Y bueno, es por eso que estoy acá
-Ah
-Quizás este espacio me ayude a reflexionar y pueda ir a una consulta con las cosas más claras
-Ajá…disculpame pero, ¿sabés que este es un taller literario, no?
-Sí, por supuesto, por eso vine
-Ah
-¿Por?
-Mirá, me siento un poco incómodo por insistir pero ¿no dijiste que necesitás ir al médico?
-Sí, eso dije...A ver, nunca asistí a ningún taller pero quizás es lo que ando necesitando. Tal vez me ayude a clarificar mis problemas
-Bueno…hagamos algo, ¿por qué no continuamos con la presentación de los demás y después nos seguís contando más sobre vos?
-Dale, me parece perfecto
-Sólo te pido una cosa
-Sí, decime
-Si te llegás a sentir mal, por favor avisá en seguida.
-Hola, te damos la palabra, presentate por favor
-Hola, soy el doctor
-Ah, mirá, sos médico, ¿y cómo te llamás?
-La verdad que no sé, hasta ahora siempre aparecí como “doctor”
-¿Cómo que no sabés? ¿En dónde apareciste? Che, ¿qué onda, me están haciendo una joda? ¿Se conocen, no?
-Pero querido, para nada, soy un hombre serio, un médico clínico. Acudí al taller porque hace rato que la espero a Beroldo en el consultorio y no aparece. Estoy un poco preocupado y quisiera ayudarla de algún modo. Pero, como le mencioné, soy médico. No suelo escribir demasiado, y quizás asistir al taller me ayude a comprenderla un poco más. Tal vez necesite de más apoyo del que le doy y por eso no esté acudiendo a las consultas
-Bueno, la verdad, no entiendo nada. No sé qué decirle, señor…bienvenido al taller
-Muchas gracias
-Falto sólo yo
-Sí, claro, ahora te iba a dar la palabra. Bienvenida al grupo, te escuchamos
-Bueno, en realidad vine más de observadora que otra cosa
-¿De observadora? Pero se supone que en un taller todos leemos, todos escribimos, esa es la dinámica
-Sí, entiendo, y justamente necesito observar a Beroldo y al médico para poder escribir
-Ah, ¿los conocés? No nos dijiste tu nombre
-Sí, digamos que más que conocerlos son mi creación
-¿Eh?
-Sí, y últimamente no sé qué pasa, pero se me fueron de las manos. No logro que se entiendan como antes. Y bueno, se me ocurrió que si los juntaba en otro contexto, quizás podía descifrar qué les anda sucediendo. Y me dije, qué mejor lugar que un taller literario, ¿no te parece?
-Lo que me parece es que me están tomando el pelo
-Para nada, che. Entiendo que estés un poco confundido pero en cuanto tenga las cosas un poco más claras, termino la escena
-Basta, por favor. Esto me está asustando en serio
-Pero qué escandaloso resultaste ser. Cuando inicialmente te pensé, mi idea era que fueras un tallerista-mediador menos dramático. Así no me ayudás
-¿Cuándo inicialmente me pensaste? ¿Pero de qué estás hablando?
-De nada. Esto así no va a funcionar, mejor abandono el experimento
-¿Qué experimento? Basta, se van todos de acá
-Lo que me faltaba. Ser echada por el personaje secundario
-¿Pero de qué hablás? ¡Por favor!
-De que saludes. Decí: chau, chau, adios.
jueves, 8 de diciembre de 2011
domingo, 16 de octubre de 2011
Consulta médica XXI
-¡Beroldo! Finalmente ha regresado, qué alegría
-Hola doctor, para mí también es una alegría volver. Le agradezco los llamados telefónicos durante este tiempo de ausencia
-Por favor, querida, ¿qué clase de profesional sería si me desentendiera totalmente de mis pacientes cuando se ausentan tanto tiempo?
-Es cierto, doctor, pero déjeme decirle que no todos se preocupan de la misma manera. Soy una paciente con suerte
-Me alegra de que se sienta así.
-Gracias doctor, debo confesar que me siento aliviada de haber vuelto finalmente
-¿Aliviada? A ver, si nos remitimos a la definición de esa palabra, sacaría como conclusión que siente una disminución de un “peso” que venía cargando
-Doctor, qué expresividad. ¿Ha estado practicando?
-Sí, ríase mi querida, pero es cierto que he ganado cierta…cómo decirle…plasticidad a la hora de hablar con mis pacientes
-Sí, puedo observarlo y me alegro mucho. En serio, doctor, ya no lo estoy cargando
-Gracias, Beroldo
-Faltaba más
-Entonces, retomemos, ¿por qué aliviada? Si hubiese estado tan mal, por supuesto que habría venido al consultorio antes. No me va a decir que se cree en falta por no ir más seguido al médico. Por más que extrañamente me sienta halagado, esa no se la creo
-Me hace reír, doctor
-Pero se lo digo en serio, querida. Y de hecho, hasta me preocuparía si realmente necesitara una visita médica aun si no tuviese nada que reportar
-Totalmente, doctor. Y no, no crea que soy hipocondríaca
-No lo creo para nada
-Le dije que sentía un poco de alivio de estar acá porque la realidad es que hace varias semanas que ando con algunos problemas para dormir otra vez y, sin embargo, no me decidía a sacar turno
-Bueno, pero al final lo hizo. Ahora está acá
-Sí, claro, y por eso estoy más tranquila, porque me saqué de encima una cosa pendiente
-¿Acaso me está queriendo decir que tiene muchas cosas pendientes?
-Sí, doctor, y en estos días llegué a una conclusión
-¿A qué conclusión, Beroldo?
-Me dan mucho más trabajo las cosas que no hago, que las que sí llevo a cabo
-¿Y no probó con hacer una lista?
-Se está divirtiendo conmigo… qué malo
-No, querida, se lo pregunto en serio
-Por supuesto que probé haciendo una lista
-¿Y?
-Y nada, me ponía más nerviosa. Todos los días la miraba como si por simple devenir cósmico alguna tarea fuera a desaparecer sola
-Ay, Beroldo, qué ocurrencias tiene. Yo le pregunté si había probado con hacer una lista porque a mí, en lo particular, me sirve
-¿Así que a usted también le dan más trabajo las cosas que no hace?
-Usted tiene una manera muy particular de explicar las cosas, pero bueno, digamos que sí es mi respuesta a su pregunta
-¿Y la lista le es útil?
-Piénselo de esta manera: muchas veces, con el paso de los días, las cosas que habíamos apuntado como importantísimas, por algún motivo pierden el sentido y ya no necesitamos hacerlas
-Puede ser…
-Y las tareas que sí continúan vigentes, no nos queda otra que realizarlas de una buena vez. En algún momento, la lista se achica y podemos dormir más relajados
-¿Me está queriendo decir que mi problema para dormir está relacionado con mi obsesión con la lista de cosas pendientes?
-No estoy seguro, ¿qué opina usted, Beroldo?
-Que debería ir a mi casa y tachar varios ítems de mi lista
-Excelente respuesta
-Gracias
-Entonces, ¿la espero pronto por acá?
-Por supuesto, doctor. Muchas gracias y hasta luego
-Beroldo
-¿Sí?
-No se pierda
-No, doctor
-Beroldo
-¿Sí?
-Me alegró verla
-Gracias, doctor. A mí también
-Adiós, mi querida
-Adiós
-Hola doctor, para mí también es una alegría volver. Le agradezco los llamados telefónicos durante este tiempo de ausencia
-Por favor, querida, ¿qué clase de profesional sería si me desentendiera totalmente de mis pacientes cuando se ausentan tanto tiempo?
-Es cierto, doctor, pero déjeme decirle que no todos se preocupan de la misma manera. Soy una paciente con suerte
-Me alegra de que se sienta así.
-Gracias doctor, debo confesar que me siento aliviada de haber vuelto finalmente
-¿Aliviada? A ver, si nos remitimos a la definición de esa palabra, sacaría como conclusión que siente una disminución de un “peso” que venía cargando
-Doctor, qué expresividad. ¿Ha estado practicando?
-Sí, ríase mi querida, pero es cierto que he ganado cierta…cómo decirle…plasticidad a la hora de hablar con mis pacientes
-Sí, puedo observarlo y me alegro mucho. En serio, doctor, ya no lo estoy cargando
-Gracias, Beroldo
-Faltaba más
-Entonces, retomemos, ¿por qué aliviada? Si hubiese estado tan mal, por supuesto que habría venido al consultorio antes. No me va a decir que se cree en falta por no ir más seguido al médico. Por más que extrañamente me sienta halagado, esa no se la creo
-Me hace reír, doctor
-Pero se lo digo en serio, querida. Y de hecho, hasta me preocuparía si realmente necesitara una visita médica aun si no tuviese nada que reportar
-Totalmente, doctor. Y no, no crea que soy hipocondríaca
-No lo creo para nada
-Le dije que sentía un poco de alivio de estar acá porque la realidad es que hace varias semanas que ando con algunos problemas para dormir otra vez y, sin embargo, no me decidía a sacar turno
-Bueno, pero al final lo hizo. Ahora está acá
-Sí, claro, y por eso estoy más tranquila, porque me saqué de encima una cosa pendiente
-¿Acaso me está queriendo decir que tiene muchas cosas pendientes?
-Sí, doctor, y en estos días llegué a una conclusión
-¿A qué conclusión, Beroldo?
-Me dan mucho más trabajo las cosas que no hago, que las que sí llevo a cabo
-¿Y no probó con hacer una lista?
-Se está divirtiendo conmigo… qué malo
-No, querida, se lo pregunto en serio
-Por supuesto que probé haciendo una lista
-¿Y?
-Y nada, me ponía más nerviosa. Todos los días la miraba como si por simple devenir cósmico alguna tarea fuera a desaparecer sola
-Ay, Beroldo, qué ocurrencias tiene. Yo le pregunté si había probado con hacer una lista porque a mí, en lo particular, me sirve
-¿Así que a usted también le dan más trabajo las cosas que no hace?
-Usted tiene una manera muy particular de explicar las cosas, pero bueno, digamos que sí es mi respuesta a su pregunta
-¿Y la lista le es útil?
-Piénselo de esta manera: muchas veces, con el paso de los días, las cosas que habíamos apuntado como importantísimas, por algún motivo pierden el sentido y ya no necesitamos hacerlas
-Puede ser…
-Y las tareas que sí continúan vigentes, no nos queda otra que realizarlas de una buena vez. En algún momento, la lista se achica y podemos dormir más relajados
-¿Me está queriendo decir que mi problema para dormir está relacionado con mi obsesión con la lista de cosas pendientes?
-No estoy seguro, ¿qué opina usted, Beroldo?
-Que debería ir a mi casa y tachar varios ítems de mi lista
-Excelente respuesta
-Gracias
-Entonces, ¿la espero pronto por acá?
-Por supuesto, doctor. Muchas gracias y hasta luego
-Beroldo
-¿Sí?
-No se pierda
-No, doctor
-Beroldo
-¿Sí?
-Me alegró verla
-Gracias, doctor. A mí también
-Adiós, mi querida
-Adiós
jueves, 25 de agosto de 2011
Consulta médica XX
-Adelante, Beroldo
-Hola doctor
-¿Cómo anda, querida?
-Bien, gracias ¿y usted?
-Bien también
-¿Se dio cuenta de que siempre repetimos el mismo ritual inicial?
-¿A qué se refiere? ¿Al saludo?
-Sí, pero no sólo al saludo. Es decir, siempre cuando uno entra a un consultorio, saluda a quien tiene en frente… Bueno, en realidad, siempre que uno entra a cualquier lugar, por respeto, saluda a quien se encuentre ahí. Yo me refiero a otra cosa, a sus gestos y movimientos, para ser más específica
-Qué interesante, ¿usted con especificaciones?
-Qué gracioso, doctor. Si no le estoy definiendo nada
-Perdone, no pude contenerme
-Me alegro de que se divierta conmigo. ¿Le explico a qué me refiero?
-Nada me interesa más en este momento. La escucho
-No sé si sigue cargándome pero pienso avanzar con la conversación, doctor, si no pierdo el hilo
-Por favor, Beroldo, no se pierda por mi culpa
-A lo que me refería con el ritual es a que siempre que me recibe y desde el momento en que lo saludo en la puerta, me hace pasar, nos sentamos, me pregunta cómo estoy y yo le pregunto a usted cómo está, sus gestos cambian
-¿Qué gestos?
-Como si se pusiera “en guardia”
-¿En guardia? pero eso suena mal, Beroldo, ¿acaso se siente atacada a preguntas?
-No, doctor, no me está entendiendo. Lo que quiero decirle es que en cuanto entro y comienzo a hablar, noto cómo usted entrecierra los ojos, se apoya contra el respaldo de su silla y reclina levemente su cabeza
-¿Usted dice que siempre hago lo mismo cada vez que la veo? Pero mire qué interesante. No me había dado cuenta
-Sí, en cuanto nos sentamos, tengo la sensación de que ya está analizando la situación, evaluando lo que le cuento. Ojo, no me malinterprete, resalto esto como una cualidad positiva de su parte. Me hace sentir que le interesa y se preocupa por lo que me pasa
-Por supuesto que me preocupo por su persona, Beroldo. Cómo no interesarse por usted
-A cuántos pacientes les dirá lo mismo
-Cada uno es único e irrepetible
-Lo sé, doctor, me dejó ese remate picando y no pude evitar decirlo
-Lo sé, Beroldo, se lo hice a propósito
-Bueno, al final me fui por las ramas y otra vez dejé en un segundo plano el motivo de mi consulta
-Pero vayamos al asunto, entonces. Aunque debo decirle que en algún momento quisiera terminar esta conversación. Me interesó mucho su observación
-Cómo no. ¿Acaso nuestros temas abren y cierran en la misma consulta?
-Maestros del suspenso, podrían llamarnos
-Qué jocoso se encuentra hoy, doctor. Me gusta su humor
-Gracias, querida. Entonces, pasemos al tema “central”
-El tema central, entre comillas, es que estuve pensando que quizás arrastro una falla en mi educación. Estoy casi convencida de que tengo dificultades en mi coordinación psicomotriz, lo que me lleva a no poder adaptarme de manera armoniosa al medio
-Ay, Beroldo… A ver, déjeme relacionar…
-Adelante
-¿Está explicándome por qué vive en cámara lenta?
-Exactamente
-Pero Beroldo, usted tiene conciencia de su esquema corporal, tiene formada una representación de su propio cuerpo y por lo tanto, de sus límites y posibilidades de acción. ¿Le parece que ese es su problema?
-Justamente, doctor, hay un temita con mis límites. A veces no puedo acelerar, la mente y el cuerpo no me lo permiten
-Y dígame una cosa
-Pregunte
-¿En comparación a quién usted piensa que vive más lento?
-No sé, doctor. ¿A todos?
-¿Me lo está preguntando a mí?
-No, es que no sé qué responderle
-Qué detalle, ¿no cree?
-Sí…
-¿Qué le parece si pausamos en este punto?
-Me parece lo más sensato. Tengo mucho en qué pensar
-Perfecto, Beroldo, la veo pronto entonces
-¿Le puedo hacer un comentario más?
-Por favor, ni tiene que pedir permiso
-El otro día me cayó mal una insulsa milanesa de soja y en ese momento pensé que sentirme mal de la panza era el colmo de la indigestión psicosomática. ¿No cree que esté empezando a hacer eso, en realidad? ¿No estaré llegando al colmo de la sugestión?
-No lo creo, Beroldo
-Bueno, si usted lo dice
-Adiós, querida. La espero pronto, no se pierda
-Gracias por todo, doctor. Adiós
-De nada, es un placer. Ah, una cosa más
-¿Sí?
-Preste atención a las fechas de caducidad de los productos
-Hola doctor
-¿Cómo anda, querida?
-Bien, gracias ¿y usted?
-Bien también
-¿Se dio cuenta de que siempre repetimos el mismo ritual inicial?
-¿A qué se refiere? ¿Al saludo?
-Sí, pero no sólo al saludo. Es decir, siempre cuando uno entra a un consultorio, saluda a quien tiene en frente… Bueno, en realidad, siempre que uno entra a cualquier lugar, por respeto, saluda a quien se encuentre ahí. Yo me refiero a otra cosa, a sus gestos y movimientos, para ser más específica
-Qué interesante, ¿usted con especificaciones?
-Qué gracioso, doctor. Si no le estoy definiendo nada
-Perdone, no pude contenerme
-Me alegro de que se divierta conmigo. ¿Le explico a qué me refiero?
-Nada me interesa más en este momento. La escucho
-No sé si sigue cargándome pero pienso avanzar con la conversación, doctor, si no pierdo el hilo
-Por favor, Beroldo, no se pierda por mi culpa
-A lo que me refería con el ritual es a que siempre que me recibe y desde el momento en que lo saludo en la puerta, me hace pasar, nos sentamos, me pregunta cómo estoy y yo le pregunto a usted cómo está, sus gestos cambian
-¿Qué gestos?
-Como si se pusiera “en guardia”
-¿En guardia? pero eso suena mal, Beroldo, ¿acaso se siente atacada a preguntas?
-No, doctor, no me está entendiendo. Lo que quiero decirle es que en cuanto entro y comienzo a hablar, noto cómo usted entrecierra los ojos, se apoya contra el respaldo de su silla y reclina levemente su cabeza
-¿Usted dice que siempre hago lo mismo cada vez que la veo? Pero mire qué interesante. No me había dado cuenta
-Sí, en cuanto nos sentamos, tengo la sensación de que ya está analizando la situación, evaluando lo que le cuento. Ojo, no me malinterprete, resalto esto como una cualidad positiva de su parte. Me hace sentir que le interesa y se preocupa por lo que me pasa
-Por supuesto que me preocupo por su persona, Beroldo. Cómo no interesarse por usted
-A cuántos pacientes les dirá lo mismo
-Cada uno es único e irrepetible
-Lo sé, doctor, me dejó ese remate picando y no pude evitar decirlo
-Lo sé, Beroldo, se lo hice a propósito
-Bueno, al final me fui por las ramas y otra vez dejé en un segundo plano el motivo de mi consulta
-Pero vayamos al asunto, entonces. Aunque debo decirle que en algún momento quisiera terminar esta conversación. Me interesó mucho su observación
-Cómo no. ¿Acaso nuestros temas abren y cierran en la misma consulta?
-Maestros del suspenso, podrían llamarnos
-Qué jocoso se encuentra hoy, doctor. Me gusta su humor
-Gracias, querida. Entonces, pasemos al tema “central”
-El tema central, entre comillas, es que estuve pensando que quizás arrastro una falla en mi educación. Estoy casi convencida de que tengo dificultades en mi coordinación psicomotriz, lo que me lleva a no poder adaptarme de manera armoniosa al medio
-Ay, Beroldo… A ver, déjeme relacionar…
-Adelante
-¿Está explicándome por qué vive en cámara lenta?
-Exactamente
-Pero Beroldo, usted tiene conciencia de su esquema corporal, tiene formada una representación de su propio cuerpo y por lo tanto, de sus límites y posibilidades de acción. ¿Le parece que ese es su problema?
-Justamente, doctor, hay un temita con mis límites. A veces no puedo acelerar, la mente y el cuerpo no me lo permiten
-Y dígame una cosa
-Pregunte
-¿En comparación a quién usted piensa que vive más lento?
-No sé, doctor. ¿A todos?
-¿Me lo está preguntando a mí?
-No, es que no sé qué responderle
-Qué detalle, ¿no cree?
-Sí…
-¿Qué le parece si pausamos en este punto?
-Me parece lo más sensato. Tengo mucho en qué pensar
-Perfecto, Beroldo, la veo pronto entonces
-¿Le puedo hacer un comentario más?
-Por favor, ni tiene que pedir permiso
-El otro día me cayó mal una insulsa milanesa de soja y en ese momento pensé que sentirme mal de la panza era el colmo de la indigestión psicosomática. ¿No cree que esté empezando a hacer eso, en realidad? ¿No estaré llegando al colmo de la sugestión?
-No lo creo, Beroldo
-Bueno, si usted lo dice
-Adiós, querida. La espero pronto, no se pierda
-Gracias por todo, doctor. Adiós
-De nada, es un placer. Ah, una cosa más
-¿Sí?
-Preste atención a las fechas de caducidad de los productos
lunes, 15 de agosto de 2011
Consulta médica XIX
-Hola querida Beroldo. Pase nomás
-Hola doctor, gracias
-¿Sabe una cosa? Hace unos días me acordé mucho de usted
-¿Ah, sí? ¿Por qué?
-Por otra paciente. La señora también sufre de la corporización de una metáfora, como le pasaba a usted antes
-¿De la misma que yo sufría?
-No, a ella le afectan unos dolores de cabeza terribles y descubrí que lo que le causa ese dolor es su actitud. Nunca está quieta y siempre está enojada porque salta como leche hervida
-Sí, suele suceder
-Bueno, ¿y usted cómo se encuentra? Nos había quedado un tema pendiente, ¿no es así?
-Sí, por eso vine, pero la cuestión es que estoy invadida por otros pensamientos que no me dejan darle prioridad a lo que venía a contarle
-Continúe, la escucho
-¿Habrá ciclos para determinados pensamientos?
-¿Ciclos? ¿En qué sentido?
-Sí, ciclos. Hay determinados pensamientos que no son nuevos sino todo lo contrario y que vuelven de vez en cuando a instalarse en mi cabeza. Repiten ideas que ya sé de memoria, frases recurrentes que conozco. La cuestión es que son combativos. Sí, aunque trate de ignorarlos, siempre vuelven luego de un tiempo
-Interesante, Beroldo. ¿Y por qué los ignora?
-Ahí está la cuestión. La relación con este tipo de pensamientos es la siguiente: en algún momento sí les di reconocimiento, los escuché, los evalué, hasta que me di cuenta de que no me servían ni me hacían bien y los descarté. Pero son tan necios que vuelven y se quieren instalar, como si tuviesen ese derecho por ser “viejos conocidos”
-No me explique más, querida. A usted la aquejan los pensamientos circulares
-¿Pensamientos circulares?
-Sí, por lo que relata, son esos pensamientos tercos, pesados, que siempre repiten lo mismo
-Exactamente, y cuando intento tragármelos, ni le cuento lo que tardo en digerirlos
-Claro, querida, es que son altamente indigestos. ¿Ahora cómo anda de la panza?
-Imagínese, doctor
-Bueno, entonces, voy a recetarle unas pastillas que ayudan al proceso de digestión, pero lo más importante es que intente combatirlos de otra forma. Si se da cuenta de que no necesita las pastillas, ya sabe que prefiero que no las tome
-Sí, claro, yo también prefiero lo mismo. Entonces, voy a estar atenta a los giros
-¿A qué giros?
-Según usted, los pensamientos son circulares, eso quiere decir que pasan siempre por los mismos lugares. Cuando pasen sobre ese punto repetido, acechándome con una cuestión que ya había dado por terminada, ahí los voy a ignorar hasta que se vayan
-Es una excelente estrategia, Beroldo. Estoy segura de que así será
-Gracias doctor. Entonces, nos vemos la próxima
-Nos vemos pronto, querida. Por las dudas, no se olvide de la receta
-Adiós, doctor
-Adiós, Beroldo
-Hola doctor, gracias
-¿Sabe una cosa? Hace unos días me acordé mucho de usted
-¿Ah, sí? ¿Por qué?
-Por otra paciente. La señora también sufre de la corporización de una metáfora, como le pasaba a usted antes
-¿De la misma que yo sufría?
-No, a ella le afectan unos dolores de cabeza terribles y descubrí que lo que le causa ese dolor es su actitud. Nunca está quieta y siempre está enojada porque salta como leche hervida
-Sí, suele suceder
-Bueno, ¿y usted cómo se encuentra? Nos había quedado un tema pendiente, ¿no es así?
-Sí, por eso vine, pero la cuestión es que estoy invadida por otros pensamientos que no me dejan darle prioridad a lo que venía a contarle
-Continúe, la escucho
-¿Habrá ciclos para determinados pensamientos?
-¿Ciclos? ¿En qué sentido?
-Sí, ciclos. Hay determinados pensamientos que no son nuevos sino todo lo contrario y que vuelven de vez en cuando a instalarse en mi cabeza. Repiten ideas que ya sé de memoria, frases recurrentes que conozco. La cuestión es que son combativos. Sí, aunque trate de ignorarlos, siempre vuelven luego de un tiempo
-Interesante, Beroldo. ¿Y por qué los ignora?
-Ahí está la cuestión. La relación con este tipo de pensamientos es la siguiente: en algún momento sí les di reconocimiento, los escuché, los evalué, hasta que me di cuenta de que no me servían ni me hacían bien y los descarté. Pero son tan necios que vuelven y se quieren instalar, como si tuviesen ese derecho por ser “viejos conocidos”
-No me explique más, querida. A usted la aquejan los pensamientos circulares
-¿Pensamientos circulares?
-Sí, por lo que relata, son esos pensamientos tercos, pesados, que siempre repiten lo mismo
-Exactamente, y cuando intento tragármelos, ni le cuento lo que tardo en digerirlos
-Claro, querida, es que son altamente indigestos. ¿Ahora cómo anda de la panza?
-Imagínese, doctor
-Bueno, entonces, voy a recetarle unas pastillas que ayudan al proceso de digestión, pero lo más importante es que intente combatirlos de otra forma. Si se da cuenta de que no necesita las pastillas, ya sabe que prefiero que no las tome
-Sí, claro, yo también prefiero lo mismo. Entonces, voy a estar atenta a los giros
-¿A qué giros?
-Según usted, los pensamientos son circulares, eso quiere decir que pasan siempre por los mismos lugares. Cuando pasen sobre ese punto repetido, acechándome con una cuestión que ya había dado por terminada, ahí los voy a ignorar hasta que se vayan
-Es una excelente estrategia, Beroldo. Estoy segura de que así será
-Gracias doctor. Entonces, nos vemos la próxima
-Nos vemos pronto, querida. Por las dudas, no se olvide de la receta
-Adiós, doctor
-Adiós, Beroldo
martes, 2 de agosto de 2011
Consulta médica XVIII
-Hola doctor, ¿cómo está?
-Hola Beroldo, muy bien ¿y usted?
-Bien también, gracias
-La noto cansada, ¿tiene problemas para dormir nuevamente?
-No, por suerte no, pero sí estoy cansada igual. El ritmo acelerado del día a día a veces me abruma y no puedo seguirle el paso
-Sí, la entiendo, querida, a todos suele pasarnos, pero ¿es sólo eso lo que tiene?
-No es poca cosa, doctor. Por momentos siento que vivo en cámara lenta y al autoexigirme acelerar un poco, me pasa lo de hoy. Me canso terriblemente
-A ver, vayamos por partes. No entiendo esa autoexigencia suya, pero me interesaría primero saber qué es eso de vivir en cámara lenta. ¿Me lo define?
-Ese es otro temita, doctor
-¿Qué temita?
-El de las definiciones. Ya no puedo
-¿Qué cosa no puede? ¿Definirme su problema? Pero si usted es experta en ofrecerme explicaciones precisas. Ya estoy mareado, Beroldo
-Ahí está la cuestión, doctor. Eso de lo que yo me jactaba de poder hacer sin problemas, ahora ya no me satisface
-¿No le satisfacen las definiciones? Ay, Beroldo, ayúdeme que estoy totalmente perdido
-No pierda la calma, doctor, que me pongo más nerviosa yo
-No, no, tranquilicémonos y avancemos de a poco. Me comentó que siente como si viviera en cámara lenta, le pedí que me lo explicara más precisamente y resulta que ahora cree que no puede definir nada. ¿Así viene la cosa?
-Más o menos. No es que no pueda definir nada sino que ahora estoy en duda de su verdadera utilidad, es decir, pienso que usted puede entender mejor de qué le estoy hablando sin que yo le tenga que definir a fondo la cuestión
-Ah, entonces, lo que a usted le pasa es que no quiere que yo le pregunte por especificaciones, sino que pretende que yo saque mis propias conclusiones con lo que escucho
-Bueno, así suena un poco irrespetuoso de mi parte, no es que no quiera que me haga preguntas. A ver, usted es el doctor, debe hacerles a sus pacientes todas las preguntas que crea necesarias. Lo que últimamente pienso es que, a veces, las definiciones no sirven para aclarar una situación particular y que por eso, para entender el significado de algo, es necesario pensarlo en ese contexto social específico
-Interesante, Beroldo…
-Por ejemplo, doctor, defíname lo que es un juego
-¿Un juego? Pero, ¿qué tipo de juego? ¿De azar, con reglas, de competencia, de niños?
-¿Ve lo que le digo? Aunque parezca fácil, no puede darme una sola definición porque siempre dejaría afuera alguna característica. Eso es lo que me inquieta, ¿cómo hago para definirle ciertos conceptos? Usted me conoce bien, sabe que siempre estoy analizando cómo funciona el lenguaje. Bueno, ahora me topé con este obstáculo y le aseguro que bien no la estoy pasando
-Pero querida, no desespere, escúcheme un poco. Yo no puedo darle una definición exacta de lo que es un juego, en eso estamos de acuerdo, sin embargo ambos entendemos de qué se trata si alguien menciona un juego de cartas o un juego de ajedrez o un juego de niños de jardín de infantes
-Por supuesto, por eso le digo, sin definir, identificamos claramente el significado de la situación. Debo olvidarme de las definiciones, doctor
-Me hace reír, Beroldo. No se olvide de las definiciones, simplemente reposiciónelas. Conmigo puede seguir usándolas todo lo que quiera y además yo haré el ejercicio de rellenar la información que quede afuera para así entender mejor la situación
-Gracias, doctor. Siempre logra tranquilizarme. Y sin hacerme sentir una loca, aunque lo esté
-De nada, Beroldo, para eso soy su doctor. Y no está loca, querida
-Lo veo la próxima, me voy a casa a descansar
-Vaya nomás, hasta la próxima, mi querida
-Adiós, doctor
-Hola Beroldo, muy bien ¿y usted?
-Bien también, gracias
-La noto cansada, ¿tiene problemas para dormir nuevamente?
-No, por suerte no, pero sí estoy cansada igual. El ritmo acelerado del día a día a veces me abruma y no puedo seguirle el paso
-Sí, la entiendo, querida, a todos suele pasarnos, pero ¿es sólo eso lo que tiene?
-No es poca cosa, doctor. Por momentos siento que vivo en cámara lenta y al autoexigirme acelerar un poco, me pasa lo de hoy. Me canso terriblemente
-A ver, vayamos por partes. No entiendo esa autoexigencia suya, pero me interesaría primero saber qué es eso de vivir en cámara lenta. ¿Me lo define?
-Ese es otro temita, doctor
-¿Qué temita?
-El de las definiciones. Ya no puedo
-¿Qué cosa no puede? ¿Definirme su problema? Pero si usted es experta en ofrecerme explicaciones precisas. Ya estoy mareado, Beroldo
-Ahí está la cuestión, doctor. Eso de lo que yo me jactaba de poder hacer sin problemas, ahora ya no me satisface
-¿No le satisfacen las definiciones? Ay, Beroldo, ayúdeme que estoy totalmente perdido
-No pierda la calma, doctor, que me pongo más nerviosa yo
-No, no, tranquilicémonos y avancemos de a poco. Me comentó que siente como si viviera en cámara lenta, le pedí que me lo explicara más precisamente y resulta que ahora cree que no puede definir nada. ¿Así viene la cosa?
-Más o menos. No es que no pueda definir nada sino que ahora estoy en duda de su verdadera utilidad, es decir, pienso que usted puede entender mejor de qué le estoy hablando sin que yo le tenga que definir a fondo la cuestión
-Ah, entonces, lo que a usted le pasa es que no quiere que yo le pregunte por especificaciones, sino que pretende que yo saque mis propias conclusiones con lo que escucho
-Bueno, así suena un poco irrespetuoso de mi parte, no es que no quiera que me haga preguntas. A ver, usted es el doctor, debe hacerles a sus pacientes todas las preguntas que crea necesarias. Lo que últimamente pienso es que, a veces, las definiciones no sirven para aclarar una situación particular y que por eso, para entender el significado de algo, es necesario pensarlo en ese contexto social específico
-Interesante, Beroldo…
-Por ejemplo, doctor, defíname lo que es un juego
-¿Un juego? Pero, ¿qué tipo de juego? ¿De azar, con reglas, de competencia, de niños?
-¿Ve lo que le digo? Aunque parezca fácil, no puede darme una sola definición porque siempre dejaría afuera alguna característica. Eso es lo que me inquieta, ¿cómo hago para definirle ciertos conceptos? Usted me conoce bien, sabe que siempre estoy analizando cómo funciona el lenguaje. Bueno, ahora me topé con este obstáculo y le aseguro que bien no la estoy pasando
-Pero querida, no desespere, escúcheme un poco. Yo no puedo darle una definición exacta de lo que es un juego, en eso estamos de acuerdo, sin embargo ambos entendemos de qué se trata si alguien menciona un juego de cartas o un juego de ajedrez o un juego de niños de jardín de infantes
-Por supuesto, por eso le digo, sin definir, identificamos claramente el significado de la situación. Debo olvidarme de las definiciones, doctor
-Me hace reír, Beroldo. No se olvide de las definiciones, simplemente reposiciónelas. Conmigo puede seguir usándolas todo lo que quiera y además yo haré el ejercicio de rellenar la información que quede afuera para así entender mejor la situación
-Gracias, doctor. Siempre logra tranquilizarme. Y sin hacerme sentir una loca, aunque lo esté
-De nada, Beroldo, para eso soy su doctor. Y no está loca, querida
-Lo veo la próxima, me voy a casa a descansar
-Vaya nomás, hasta la próxima, mi querida
-Adiós, doctor
lunes, 18 de julio de 2011
Consulta médica XVII
-Hola doctor, ¿cómo anda?
-Hola Beroldo, muy bien, ¿usted? Pase nomás
-Gracias, muy bien también
-Me alegro, eso quiere decir que ya no siente ese dolor en la boca
-Por suerte, no
-¿Y se puso a pensar a qué puede deberse el cambio? Le pregunto porque al final no necesitó ni ir al dentista ni que yo le recetara nada
-Es cierto. Y sí, estuve reflexionando al respecto
-Me encantaría escuchar su reflexión
-Por la metamorfosis
-¿La metamorfosis? Ay, Beroldo…
-No se adelante, doctor. No es su estilo
-No, no, prosiga, yo me callo
-Hablo de la metamorfosis de los problemas, también de las ideas
-¿Cómo es eso?
-Voy a ser concreta
-Su especialidad
-Gracias, doctor
-De nada, Beroldo
-Lo que quiero expresar es lo siguiente: una situación cualquiera, un comentario al pasar, un detalle insignificante pueden convertirse, quizás sin una lógica que podamos explicar de forma consciente, en el problema de nuestras vidas. Podemos llegar a sentir, en cuestión de segundos, que lo que nos aqueja es lo más grave hasta el momento y que cambia el curso de nuestras vidas tal y como la conocíamos hasta ahí
-¡Pero qué catastrófica, Beroldo!
-Sí, se la estoy exagerando un poco, en realidad. Pero es que así tiene más fuerza la idea
-La estoy entendiendo perfectamente, igual
-Bueno, esa imagen negra que le pinté, también puede ocurrir pero de manera inversa. El problema más grande del mundo, de un momento a otro, y casi sin proponérnoslo, puede pasar a ser un detalle, dilemas insignificantes que agregaremos a nuestra lista de anécdotas para contar
-Muy interesante lo que dice, querida. Eso me lleva a pensar que este lugar acompaña esa metamorfosis de la que habla. O por lo menos, eso intento
-Totalmente, doctor. Este consultorio, mejor dicho usted es una pieza importante dentro de ese proceso de cambio. Para mí, definitivamente lo es
-Hoy me va a hacer emocionar, Beroldo. Es terrible
-Es la realidad. Y las cosas se reconocen en vida, ¿no cree?
-No podría estar más de acuerdo. ¿Y qué me dice de las ideas?
-Lo mismo, doctor. A veces, esas ideas que creemos brillantes en un momento, se desvanecen de la noche a la mañana. Bastante frustrante se siente cuando eso nos ocurre
-Sí, lo es, pero al mismo tiempo, yo creo que es un signo de avance, de aprendizaje. Usted solita mencionó el concepto metamorfosis. Lo que se produce es un cambio, no una pérdida. Si rechazamos o desplazamos la idea original es porque ya hemos elaborado una más compleja, ¿no lo cree?
-Sí, es cierto. De hecho, me gusta pensarlo de esa manera. Hay menos riesgo de caer en la frustración
-¿Le digo algo curioso, Beroldo?
-Dígame, doctor
-Hoy siento que la consulta médica me la hizo usted a mí. Me siento muy bien en este momento y hoy, particularmente, no había tenido un buen día
-Me va a hacer sonrojar, doctor. Es un halago que me diga algo así
-Yo me tomo muy en serio mi profesión médica. No sabe cuánto he aprendido de mis pacientes en todos estos años.
-No lo dudo
-Entonces, querida, y luego de este momento de reflexión, ¿quiere contarme el motivo de la consulta de hoy?
-Creo que prefiero volver otro día. Pareceré una loca, pero siento que arruinaría el ambiente, contaminaría el clima
-Bueno, Beroldo, entiendo lo que dice, pero si se siente mal o algún dolor la aqueja, debe decírmelo. Al fin y al cabo, este no deja de ser un consultorio médico y yo, como su médico clínico de cabecera, tengo la responsabilidad de atenderla si necesita algo
-Sí, lo sé, pero no se preocupe, créame cuando le digo que puedo dejar la consulta para la próxima
-Bueno, pero si necesita algo, no dude en comunicarse conmigo a la brevedad, ¿estamos de acuerdo?
-Lo estamos, doctor. Muchas gracias
-Gracias a usted, querida. La acompaño a la puerta
-Hasta la próxima, doctor
-Hasta pronto, Beroldo
-Hola Beroldo, muy bien, ¿usted? Pase nomás
-Gracias, muy bien también
-Me alegro, eso quiere decir que ya no siente ese dolor en la boca
-Por suerte, no
-¿Y se puso a pensar a qué puede deberse el cambio? Le pregunto porque al final no necesitó ni ir al dentista ni que yo le recetara nada
-Es cierto. Y sí, estuve reflexionando al respecto
-Me encantaría escuchar su reflexión
-Por la metamorfosis
-¿La metamorfosis? Ay, Beroldo…
-No se adelante, doctor. No es su estilo
-No, no, prosiga, yo me callo
-Hablo de la metamorfosis de los problemas, también de las ideas
-¿Cómo es eso?
-Voy a ser concreta
-Su especialidad
-Gracias, doctor
-De nada, Beroldo
-Lo que quiero expresar es lo siguiente: una situación cualquiera, un comentario al pasar, un detalle insignificante pueden convertirse, quizás sin una lógica que podamos explicar de forma consciente, en el problema de nuestras vidas. Podemos llegar a sentir, en cuestión de segundos, que lo que nos aqueja es lo más grave hasta el momento y que cambia el curso de nuestras vidas tal y como la conocíamos hasta ahí
-¡Pero qué catastrófica, Beroldo!
-Sí, se la estoy exagerando un poco, en realidad. Pero es que así tiene más fuerza la idea
-La estoy entendiendo perfectamente, igual
-Bueno, esa imagen negra que le pinté, también puede ocurrir pero de manera inversa. El problema más grande del mundo, de un momento a otro, y casi sin proponérnoslo, puede pasar a ser un detalle, dilemas insignificantes que agregaremos a nuestra lista de anécdotas para contar
-Muy interesante lo que dice, querida. Eso me lleva a pensar que este lugar acompaña esa metamorfosis de la que habla. O por lo menos, eso intento
-Totalmente, doctor. Este consultorio, mejor dicho usted es una pieza importante dentro de ese proceso de cambio. Para mí, definitivamente lo es
-Hoy me va a hacer emocionar, Beroldo. Es terrible
-Es la realidad. Y las cosas se reconocen en vida, ¿no cree?
-No podría estar más de acuerdo. ¿Y qué me dice de las ideas?
-Lo mismo, doctor. A veces, esas ideas que creemos brillantes en un momento, se desvanecen de la noche a la mañana. Bastante frustrante se siente cuando eso nos ocurre
-Sí, lo es, pero al mismo tiempo, yo creo que es un signo de avance, de aprendizaje. Usted solita mencionó el concepto metamorfosis. Lo que se produce es un cambio, no una pérdida. Si rechazamos o desplazamos la idea original es porque ya hemos elaborado una más compleja, ¿no lo cree?
-Sí, es cierto. De hecho, me gusta pensarlo de esa manera. Hay menos riesgo de caer en la frustración
-¿Le digo algo curioso, Beroldo?
-Dígame, doctor
-Hoy siento que la consulta médica me la hizo usted a mí. Me siento muy bien en este momento y hoy, particularmente, no había tenido un buen día
-Me va a hacer sonrojar, doctor. Es un halago que me diga algo así
-Yo me tomo muy en serio mi profesión médica. No sabe cuánto he aprendido de mis pacientes en todos estos años.
-No lo dudo
-Entonces, querida, y luego de este momento de reflexión, ¿quiere contarme el motivo de la consulta de hoy?
-Creo que prefiero volver otro día. Pareceré una loca, pero siento que arruinaría el ambiente, contaminaría el clima
-Bueno, Beroldo, entiendo lo que dice, pero si se siente mal o algún dolor la aqueja, debe decírmelo. Al fin y al cabo, este no deja de ser un consultorio médico y yo, como su médico clínico de cabecera, tengo la responsabilidad de atenderla si necesita algo
-Sí, lo sé, pero no se preocupe, créame cuando le digo que puedo dejar la consulta para la próxima
-Bueno, pero si necesita algo, no dude en comunicarse conmigo a la brevedad, ¿estamos de acuerdo?
-Lo estamos, doctor. Muchas gracias
-Gracias a usted, querida. La acompaño a la puerta
-Hasta la próxima, doctor
-Hasta pronto, Beroldo
jueves, 7 de julio de 2011
Consulta médica XVI
-Hola doctor
-Hola Beroldo, pase por favor, ¿cómo está?
-Muy bien, gracias, ¿Y usted?
-¿Está segura? La noto demasiado seria
-Sí, estoy bien, lo que pasa es que estaba pensado en el asunto de mi consulta de hoy
-Ah, bueno, entonces vayamos a ella sin más demoras. La escucho
-La realidad es que mientras venía para acá, me puse a pensar si no debería haberme sacado un turno con el dentista. Quizás me equivoqué al recurrir a usted esta vez
-Cuénteme qué le pasa antes de sacar conclusiones adelantadas. No sea catastrófica, Beroldo. No es su estilo
-Sí, tiene razón. Es que no quiero molestarlo con cosas que quizás tenga que consultar con otro especialista
-¿Me va a decir qué le ocurre?
-Sí, perdón, doctor, no se enoje
-Usted sabe que no me enojo, querida
-Lo que me pasa es que, de vez en cuando, me duele la boca
-¿La boca? ¿Qué parte de la boca?
-Ninguna parte en especial, doctor. Toda la boca. No es un diente ni la encía, es toda la boca
-Pero qué cosa rara, y dígame, ¿puede distinguir en qué momentos le duele?
-No podría decirle con precisión. Eso es lo que venía pensando, de hecho
-¿Le duele cuando se levanta por la mañana? Quizás duerme muy tensa.
- Pero no me pasa exactamente a la mañana. Creo que me ocurre después de momentos de gran exposición. Sí, definitivamente, por ahí viene la causa, ahora que lo pienso
-¿A qué se refiere con momentos de gran exposición?
-Cuando tengo que hablar para otras personas que me están mirando. Por ejemplo, en una clase ante un profesor, en una asamblea. El otro día fui a la reunión de consorcio de mi edificio. Ese fue otro momento de exposición
-¿Qué quiere decir con eso? ¿Acaso tiene problemas para expresarse en público?
- No, la verdad es que no. A veces me pongo un poco nerviosa pero no es algo que no pueda controlar o que no me permita hacer lo que tengo que hacer
-Y entonces, ¿por qué relaciona su dolor con esos momentos? Por lo que me cuenta, no se tensiona demasiado, y este dolor que usted tiene, yo lo relaciono con algún tipo de tensión
-Pero entonces usted está descartando que sea un dolor reflejo de otra cosa, de algo físico
-No, querida, yo hasta ahora no dije nada con respecto a eso. Simplemente estoy pensando en base a lo que usted me cuenta. Me dijo que relacionaba su dolor a los momentos de exposición, por eso yo no nombré otros posibles motivos.
-Tiene usted razón.
-¿Está pensando que en realidad es otra cosa? ¿Quiere que hagamos un chequeo médico general? Análisis de sangre y orina, radiografías, electrocardiograma…¿quiere comenzar ahora? Pase a la camilla, por favor
-No, pare doctor. Qué raro que justo usted me incentive a hacerme todos esos estudios “por las dudas”.
-Pero Beroldo, no me maree. ¿No me quiso hacer notar que yo no estaba teniendo en cuenta que su dolor puede ser síntoma reflejo de otra cuestión mayor? Por eso, le estoy proponiendo que lo estudiemos
-Sí, yo le dije eso. Pero no, creo que no es lo que necesito
-¿Me deja hacerle una pregunta?
-Por supuesto, doctor
-En esos momentos “de exposición”, como usted los llamó. ¿Usted dice todo lo que quiere decir, todo lo que piensa?
-En general, sí. Bueno, a veces, debo confesar, me trabo un poco
-¿Se traba al hablar?
-Sí, a veces me ocurre que tengo muchas cosas que quisiera decir pero no quiero bombardear al otro, entonces, hago una selección mental de lo más importante
-¿Y qué hace con las palabras que descarta por “menos importantes”?
-Las mastico
-¿Las mastica? Qué interesante, es decir, después de una charla, usted se queda masticando las palabras que no pudo pronunciar
-Sí…¿usted piensa que mi dolor tendrá que ver con eso?
-¿Qué piensa usted, querida?
-Que la consulta me ha dejado mucho para pensar.
-Creo lo mismo, Beroldo
-Hasta la próxima, doctor. Muchísimas gracias.
-Un momento, querida ¿está segura de que no quiere realizarse el chequeo médico?
-Muy gracioso, doctor. Usted sí que se divierte conmigo
-¿Qué le voy a decir? Tiene usted razón, mi querida
-Adiós, doctor, hasta pronto
-La espero pronto, adiós
-Hola Beroldo, pase por favor, ¿cómo está?
-Muy bien, gracias, ¿Y usted?
-¿Está segura? La noto demasiado seria
-Sí, estoy bien, lo que pasa es que estaba pensado en el asunto de mi consulta de hoy
-Ah, bueno, entonces vayamos a ella sin más demoras. La escucho
-La realidad es que mientras venía para acá, me puse a pensar si no debería haberme sacado un turno con el dentista. Quizás me equivoqué al recurrir a usted esta vez
-Cuénteme qué le pasa antes de sacar conclusiones adelantadas. No sea catastrófica, Beroldo. No es su estilo
-Sí, tiene razón. Es que no quiero molestarlo con cosas que quizás tenga que consultar con otro especialista
-¿Me va a decir qué le ocurre?
-Sí, perdón, doctor, no se enoje
-Usted sabe que no me enojo, querida
-Lo que me pasa es que, de vez en cuando, me duele la boca
-¿La boca? ¿Qué parte de la boca?
-Ninguna parte en especial, doctor. Toda la boca. No es un diente ni la encía, es toda la boca
-Pero qué cosa rara, y dígame, ¿puede distinguir en qué momentos le duele?
-No podría decirle con precisión. Eso es lo que venía pensando, de hecho
-¿Le duele cuando se levanta por la mañana? Quizás duerme muy tensa.
- Pero no me pasa exactamente a la mañana. Creo que me ocurre después de momentos de gran exposición. Sí, definitivamente, por ahí viene la causa, ahora que lo pienso
-¿A qué se refiere con momentos de gran exposición?
-Cuando tengo que hablar para otras personas que me están mirando. Por ejemplo, en una clase ante un profesor, en una asamblea. El otro día fui a la reunión de consorcio de mi edificio. Ese fue otro momento de exposición
-¿Qué quiere decir con eso? ¿Acaso tiene problemas para expresarse en público?
- No, la verdad es que no. A veces me pongo un poco nerviosa pero no es algo que no pueda controlar o que no me permita hacer lo que tengo que hacer
-Y entonces, ¿por qué relaciona su dolor con esos momentos? Por lo que me cuenta, no se tensiona demasiado, y este dolor que usted tiene, yo lo relaciono con algún tipo de tensión
-Pero entonces usted está descartando que sea un dolor reflejo de otra cosa, de algo físico
-No, querida, yo hasta ahora no dije nada con respecto a eso. Simplemente estoy pensando en base a lo que usted me cuenta. Me dijo que relacionaba su dolor a los momentos de exposición, por eso yo no nombré otros posibles motivos.
-Tiene usted razón.
-¿Está pensando que en realidad es otra cosa? ¿Quiere que hagamos un chequeo médico general? Análisis de sangre y orina, radiografías, electrocardiograma…¿quiere comenzar ahora? Pase a la camilla, por favor
-No, pare doctor. Qué raro que justo usted me incentive a hacerme todos esos estudios “por las dudas”.
-Pero Beroldo, no me maree. ¿No me quiso hacer notar que yo no estaba teniendo en cuenta que su dolor puede ser síntoma reflejo de otra cuestión mayor? Por eso, le estoy proponiendo que lo estudiemos
-Sí, yo le dije eso. Pero no, creo que no es lo que necesito
-¿Me deja hacerle una pregunta?
-Por supuesto, doctor
-En esos momentos “de exposición”, como usted los llamó. ¿Usted dice todo lo que quiere decir, todo lo que piensa?
-En general, sí. Bueno, a veces, debo confesar, me trabo un poco
-¿Se traba al hablar?
-Sí, a veces me ocurre que tengo muchas cosas que quisiera decir pero no quiero bombardear al otro, entonces, hago una selección mental de lo más importante
-¿Y qué hace con las palabras que descarta por “menos importantes”?
-Las mastico
-¿Las mastica? Qué interesante, es decir, después de una charla, usted se queda masticando las palabras que no pudo pronunciar
-Sí…¿usted piensa que mi dolor tendrá que ver con eso?
-¿Qué piensa usted, querida?
-Que la consulta me ha dejado mucho para pensar.
-Creo lo mismo, Beroldo
-Hasta la próxima, doctor. Muchísimas gracias.
-Un momento, querida ¿está segura de que no quiere realizarse el chequeo médico?
-Muy gracioso, doctor. Usted sí que se divierte conmigo
-¿Qué le voy a decir? Tiene usted razón, mi querida
-Adiós, doctor, hasta pronto
-La espero pronto, adiós
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